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Pambelé, la primera marca mundial de Colombia

September 30, 2016

 

El pugilista Antonio Cervantes, “Kid Pambelé”, fue el primer campeón planetario de cualquier deporte que tuvo Colombia. Ganó el título mundial en la categoría Welter Junior de la AMB (Asociación Mundial de Boxeo) en 1972 y se convirtió en una leyenda deportiva. Genio y figura, es conocido entre muchas otras cosas por una frase célebre que se le atribuye: “es mejor ser rico que ser  pobre”.

 

A Cervantes le tocó el duro camino del boxeo para crecer como individuo, batirse a puños contra la pobreza y fue objeto de incontables privaciones e incomodidades. Siendo el mayor de seis hijos, nunca terminó la escuela y desde muy joven le tocó vender cigarrillos de contrabando y ejercer de lustrabotas para ayudar a sostener a la familia. Pero aún así, este campeón tuvo hasta cierto punto la oportunidad de ejercer la libertad como eje de su desarrollo personal y profesional. Capitalizándose sobre ella logró fama y fortuna.

 

Según Amartya Sen, el desarrollo de un individuo o sociedad exige la eliminación de las principales fuentes de la privación de la libertad: la pobreza, escasez de oportunidades económicas, el abandono de los servicios públicos, la tiranía y la intolerancia de los estados represivos. Tal vez de las anteriores cinco, Cervantes solo se salvó de las últimas dos.

 

A diferencia de la prosperidad adquirida por un individuo luchador, en el caso de una población o colectividad, el desarrollo tiene que ocuparse más de mejorar nuestras vidas y de las libertades que gozamos, no solo de adquirir riquezas. Una plataforma con mejores condiciones de vida eleva las posibilidades de bienestar a un mayor número de personas, por que no todos somos boxeadores dispuestos a salirnos de la pobreza a puños.  En una sociedad, tanto los procesos que brindan la posibilidades de decisión y acción como las oportunidades reales que tienen los individuos definen a la libertad como base del desarrollo.

 

En materia de desarrollo existe una reciprocidad entre los individuos libres y las sociedades en las cuales se desarrollan. En la medida en que a los ciudadanos se le faciliten sus posibilidades de crecimiento (por ejemplo: como agentes de cambio político, económico y social) a la sociedad se le presentará oportunidades de evolución.  La sociedad debe entonces fomentar el desarrollo del individuo para que éste, sumado a otros muchos más, impulse el crecimiento de la misma. El apoyo retribuido entre el individuo y la colectividad, funciona como un círculo virtuoso.

 

Si un talento deportivo como Pambelé hubiera contado con educación hasta el nivel superior, si hubiera hecho parte de una familia con padres asalariados, si hubiera tenido alimentos permanentemente en las despensas de su casa y agua potable saliendo de la llave, tal vez no hubiera terminado marginado en la drogadicción y decadencia.  La fortuna no le perduró, tampoco la renta ni el apogeo de su fama. La libertad manca que dotó su desarrollo en un principio terminó manifestándose al final, haciendo su gloria efímera por falta de integridad.

 

Un talento de ese tipo, que ocurre excepcionalmente cada tanto en las sociedades, hubiera podido terminar como científico de la NASA, como efectivamente le ocurrió a otro afrocolombiano llamado Raúl Cuero, que de la pobreza pasó al baloncesto y de allí a ser un renombrado inventor. Una libertad plena eleva las posibilidades de un desarrollo íntegro y perdurable.

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